Disección

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Son tres horas y hay una víctima en la casa. Hay visita. Tres veces por semana, hasta las once. Un hombre no agarra un cuchillo por casualidad, sin saber qué es lo que ama ni quién le busca. Pero en las vísceras se generan los romances, como esos pequeños pórticos condenados (ombligos, ano, orejas) donde los placeres regresan sin ecos.

El amor se segrega debajo de la lengua, así como el ícono del frenillo tiende a poner raciocinio en los encuentros porales. El olor agrio de las muelas es odio, o su comienzo. Todavía hay luz. Una hora para el cultivo del crimen.

Hazme daño porque te amo. Empezamos por las lágrimas. Son más saladas si te introduzco esto (-). Ahora mírame, sonríe. Hay felicidad. (Lágrimas alcalinas. Espesor polivalente). Me gustas.

Un golpe en el estómago y un hematoma perseguido entre las tetas. ¿Por qué me amas tanto? Quiero saberlo. En el pecho alguien siembra una bomba ridícula que le da tonalidades inversas a la sangre. (Sangre de comunión, sangre de sacrificio, sangre amatoria). O plaqueta de amante sana. Late por mí. (Me siento idiota). Una tumba poética son tus pulmones o tus costillas. No sé de medicina. Solo cuestiono el fundamento de las emociones.

Aquí hay una mentira. Mira cómo se contrae el intestino. ¡Ajá, una mentirita negra! ¿A quién has amado antes? (…)

Ahora hay silencio. Llegó el apagón general de los viernes. Vamos a tomar una copa, que serán tres horas. El vino sabe marcar los senderos.

Te he amado a ti nada más. Límpiate. Pero no me dejes. Créeme. Un hombre no agarra un cuchillo por crédulo. Él sabe lo que busca, pero no quién lo ama. No dormimos juntos. Se acabó el día.

Son tres horas violentas. No hay gritos. Una vela encendida por el siglo y esta estampa para que te proteja. No hay luz ni comida. Tómalo. Como pasatiempo. Pero afílalo antes. Duele menos, como cuando eres virgen.

A eso iba. Empiezo a preguntarme por esa cárcel elástica de tantos bienes culturales. Voy queriendo esa tradición uterina que han seguido tus hermanas. Tengo una erección y tu malla espera, se expande. No voy a hacerte daño.

Hay que perdonar algunas falsaciones. Con una sutura ya puedo volver a mí. Eres una niña buena. Tu obediencia te salva.

Yo te cierro y vuelvo a vestirte. Te gusta el hilo rosado, para que seas mi muñeca. Un hombre no puede enamorarse sin cuchillo. No puede amar sin explorar las honduras de su objeto. Aún cuando este le cause ternura.

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