El Manto de María: las disputas de la reina cinética

El Manto de María: las disputas de la reina cinética

De un momento a otro y para el asombro de todos apareció una gigantesca representación cinética de la Divina Pastora a las afueras de Barquisimeto. Camina por los edificios, vigila los crepúsculos, hace las veces de un Corcovado en las colinas de El Vidrio. ¿De dónde viene? ¿Quién la hizo? ¿Cómo llegó ahí?, son solo algunas de las preguntas que despierta esta advocación arquitectónica de 47,17 metros y 3.772 tubos de aluminio tensados al viento.

 

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Se sale de la ciudad por el este, tomando la vía de El Ujano. Los colores característicos de la Gobernación de Lara aparecen por todas partes. Un pequeño aviso en la esquina que separa la ciudad formal de la periferia de los moteles indica el cruce hacia el monumento. La velocidad inhóspita de la Circunvalación Norte se aquieta de pronto ante una zona acordonada y silenciosa. No se ven guías turísticos ni promotores. Solo efectivos de la Reserva y la Milicia Bolivariana. De inmediato se respira otro orden, otro aire, como suele suceder en esas comarcas aisladas de la política turístico-cultural del Gobierno en la ciudad (v.g. el Museo de Barquisimeto y la Flor de Venezuela). La zona está militarizada y la tensión no cede hasta que se llega a los pies de la Virgen, luego de subir unas cuantas cuadras en carro y a pie.

Un colosal Padrenuestro escrito en braille sobre una puerta de 9 metros da la entrada por la torre norte. Hay un ascensor, pero todavía no está habilitado. Seis promotoras turísticas con el uniforme de Transbarca (el sistema de transporte del Gobierno Nacional que suplantó al fallido “Trolebús” de Barquisimeto) acompañan el ascenso por los 22 pisos hasta el mirador. En cada una de las cuatro terrazas de descanso que componen la subida, dos promotoras cuentan la historia del monumento con poquísima preparación y curiosos arrebatos de plan vacacional. “La subida no es un maratón: es una peregrinación”, insisten, a la par que prometen que la vista allá arriba es imponente y “bendecida”.

 

La anunciación

A las 4 de la tarde del miércoles 13 de enero, un día antes de celebrarse la procesión 160 de la Patrona de los larenses, se llevó a cabo la inauguración de El Manto de María Divina Pastora. Asistieron, según la nota oficial del Ministerio del Poder Popular para el Transporte y Obras Públicas, la diputada Carmen Meléndez “La Almiranta”, Luis Reyes Reyes, presidente de Corpolara, y los ministros Marleny Contreras y Luis Sauce, representantes de las carteras de Turismo y Transporte, respectivamente. También estuvieron presentes los proyectistas, tres sacerdotes y algunos representantes de la sociedad civil. Hubo cultores y periodistas. El Gobernador Henri Falcón no fue invitado.

El arquitecto Orlando Perdomo, uno de los tres creadores de El Manto, relata cómo fue el evento: “La inauguración, a mi criterio, fue bastante silenciosa y sobria, con poca asistencia tanto de ciudadanos como de autoridades de la Iglesia. Nosotros como proyectistas no tuvimos siquiera una invitación formal. Fueron unos trabajadores de la construcción que ese mismo día nos llamaron y nos dijeron que iba a haber un acto para inaugurar la obra. Había como una incertidumbre sobre si se iba a dar o no. Al llegar nos recibieron, pero sin ninguna formalidad”.

La larga cadena de acontecimientos, que finalmente parece romperse con el corte de cinta esa tarde, tiene su origen en diciembre de 2011, cuando el arquitecto Jorge Rodríguez le presenta a Henri Falcón la idea de una escultura con dimensiones similares a la Virgen de la Paz:

“Yo me presenté al Gobernador con un dibujo, sin mayor formalidad. Lo hice como laico creyente, porque le tengo una gran devoción a la Divina Pastora. A él le gustó y en veinte días me pidió una propuesta formal. Al principio era una escultura recorrible de 37 metros con tres miradores, pero cuando el Gobernador supo que la Virgen de la Paz estaba por encima (mide 46 metros), me pidió aumentar el tamaño diez metros más para así tener en Lara el monumento mariano más grande del mundo. Ahí es cuando llamo a Rafael Vargas para estudiar más detalles y luego a Orlando Perdomo, con quien hicimos la revisión definitiva, afinamos los detalles técnicos e integramos nuevos aspectos culturales, históricos y religiosos de la procesión. En ocho meses teníamos el proyecto completo, en arquitectura e ingeniería”.

Este proyecto pasaría más de un año guardado hasta que el 19 de mayo de 2014 Henri Falcón lo presenta ante el Consejo Federal de Gobierno y obtiene la aprobación inmediata por parte del presidente Nicolás Maduro. Según relata Rodríguez, se conformaron a partir de ahí mesas técnicas de discusión entre Caracas y Barquisimeto, donde participaron representantes tanto por el Ministerio de Obras Públicas como por la Gobernación de Lara, y se definieron los términos del acuerdo, que  consistía en que la Gobernación, además del proyecto, donaría los terrenos y que el Gobierno Nacional pondría los recursos para la construcción.

La mesa estaba servida.

 

Del fiat del Gobierno y sus bemoles

Rosángela Pereira, presidenta de la Corporación de Turismo del Estado Lara, explica cómo fue avanzando la negociación entre ambas instancias: “En las comisiones interdisciplinarias que se conformaron se discutieron temas técnicos principalmente. Nunca se habló del funcionamiento ni de la administración posterior del monumento. Nosotros suponíamos que como padrinos de la idea tendríamos una participación en igualdad de condiciones, pero no fue así. Cuando el proyecto agarró forma, se comenzó a celar el acceso a la obra por parte del Gobierno. Para entrar había que hacerlo a través de los proyectistas, que eran conocidos nuestros. Ni siquiera se podía ingresar con el uniforme de la Gobernación. Nosotros pensamos que esos celos eran por un interés de resguardo, pero tampoco resultó así. Esas señales, que no supimos ver a tiempo, terminaron en lo que sucedió”.

El 12 de enero, a pocas horas de la inauguración, le impiden al Gobernador y a todo el equipo que venía con él acceder al monumento. Rosángela recuerda que al llegar a la puerta de entrada un militar les prohibió el paso, negándose cordialmente a decir quién le había dado la instrucción. El ingeniero Elis Colmenárez, Director Estadal del Ministerio de Transporte y Obras Públicas para Lara, se refiere a este hecho: “No es que se le negó la entrada al Gobernador. Es solo que él se presentó con un equipo de televisión y nosotros no estábamos permitiendo ninguna grabación en esos momentos previos a la inauguración. Él hizo muchísimos programas en la obra y nunca se le negó el acceso. Cuando él solicitaba permisos para grabar ahí, lo hacía con antelación y siempre se le daban. Fue simplemente una cuestión de coordinación porque ya teníamos al personal militar ahí con órdenes de no dejar pasar a nadie. De hecho yo ni me enteré cuando el Gobernador llegó”.

Ante la pregunta de por qué tampoco fue invitado el Gobernador a la inauguración, Colmenárez dice: “No hubo invitaciones formales, ni al Gobernador ni a nadie. Se notificó a la ciudad por prensa y por otros medios escritos. Todo el pueblo estaba llamado a asistir. Era una invitación abierta”. Reconoce, sí, la participación de Henri Falcón en todo el proceso y resalta el aporte de acueductos y cloacas que hizo para el monumento.

 

¿Misterio burocrático u orfandad institucional?

La paternidad de la Virgen María, según el Protoevangelio de Santiago, se le atribuye a Joaquín. No es una verdad canónica, no aparece en ningún pasaje del Nuevo Testamento, pero todos lo saben y lo creen sin detenerse demasiado en el origen. No cabría tal ejercicio de fe en el complejo mundo de la burocracia estatal venezolana. Al menos no en el ciudadano despierto y hastiado de la política de lo apócrifo. Hay que informarse. Hay que preguntar.

“El monumento Manto de María Divina Pastora está hoy en manos de Transbarca, ente designado por el Ministerio de Obras Públicas y Transporte Terrestre para tal fin, y está previsto que en los próximos meses sea transferido al Ministerio de Turismo, el cual se encargará de su administración y desarrollo -señala Elis Colmenárez-. No sabemos todavía cuándo se va a hacer esa transferencia. Mientras no exista un acta de entrega definitiva por parte del consorcio constructor a nosotros como ente rector de la obra, debemos permanecer ahí. De todas formas el monumento ya está listo para ser visitado todos los días por el pueblo”.

La Corporación de Turismo del Estado Lara no ha recibido ninguna llamada y como ente rector de las políticas turísticas en la entidad parece no estar incluido en los planes. Su posición, sin embargo, es conciliadora: “En dieciséis meses se levantó el monumento. Eso demostró que la mancomunidad, independientemente de la condición política, funciona. Nosotros, más allá de lo que haya pasado, estamos dispuestos a dialogar y trabajar con ellos. Nuestra intención no es desconocer el monumento ni aislarnos de la realidad, sino establecer un plan de acción conjunta. El Manto de María está dentro del Estado Lara y nuestro deseo es promoverlo y convertirlo en motor del desarrollo de la región y del país”, agrega Rosángela Pereira con firmeza.

Los tres arquitectos tampoco mantienen vinculación alguna con el Ministerio y tanto Jorge como Orlando recuerdan que falta terminar la parte superior del pórtico, construir un área de emergencia primaria, instalar oficinas administrativas, comerciales y de seguridad, abrir un cafetín, habilitar galerías en cada una de las terrazas del mirador y hacer jardines.

Fe que espera, mira y calcula.

 

Ave María, llena eres de símbolos

Aquí no todo es diatriba y concreto. Un sublime contenido teológico hace eco detrás de cada elemento arquitectónico del monumento. Orlando Perdomo los detalla:

“La imagen de la Divina Pastora está colocada hacia un costado, específicamente hacia la torre sur. No quisimos ponerla en el centro, ya que el centro de la fe cristiana es Dios. El portal que sostiene la escultura y todo lo que ocurre detrás, como la brisa y el crepúsculo que se renueva todos los días, representa al Espíritu Santo. El espejo de agua a sus pies simboliza el bautismo y la pureza de la Virgen María, y el ensamblaje de todas las piezas tubulares recrea lo más importante: la procesión del 14 de enero, el movimiento de los fieles que se trasladan de un lugar a otro por una misma fe. Quisimos llevar ese evento a la escultura. Por eso la propuesta del arte cinético, fundamentado en la movilidad de la procesión, en la realidad de esa fe que se traslada”.

Por su parte, Jorge Rodríguez, al ilustrar cómo el monumento se une a la trama urbana, aporta un dato medular para entender la relación monumento-ciudad-tradición: la imagen de la Virgen mira en dirección a la Plaza Macario Yépez, lugar emblemático del recorrido de la procesión ya que ahí, según la historia, se elevó la promesa de salvar a Barquisimeto del azote del cólera.

Todas estas referencias siguen quedando, al día de hoy, lejos de los oídos de los visitantes.

 

La asunción (por escaleras)

Dos valles y tres ciudades se acuestan en medio de la soledad quieta y reverencial. Los silbidos de los tubos metálicos distraen el colosal silencio. El viento a 80 kilómetros por hora atraviesa el cuerpo de la Madre de Dios.

Se habla de reconciliación nacional, de porvenir compartido, de necesaria paz entre los venezolanos. Lo que tanto se proclama en volantes, notas de prensa  y placas de bronce debería trascender el discurso. Más que símbolo, El Manto debería ser verdad cotidiana.

Quién sabe.

62 metros arriba el crepúsculo agrede y maravilla con fuerza. Barquisimeto –como el país– se ve pequeño y tranquilo.

 

Zakarías Zafra Fernández

@zakariaszafra

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