La estación de la gratitud: sobre la poesía de Magda Sivira de Pichardo

La estación de la gratitud: sobre la poesía de Magda Sivira de Pichardo

Poesía matutina, de ofrenda constante. Poesía reposada, uniforme, apasionada en su recogimiento, que no desprende una sola ráfaga fuera de su serena voluntad. Poesía que halla su resonancia en lo cotidiano y quema velas con el ardor inaugural del sol. Poesía del respiro, del amado como oráculo, como casa y como historia. Poesía que, como ella, es cuerpo en estaciones, primaveral y lluvioso, radiante y femenino en su esplendor matinal. Así, con un vigor inexplorado que no pide cantidad ni excesos para hacerse notar, se muestra la obra poética de Magda Sivira.

Su poesía, cadenciosa y fina, encarna un diálogo de muchas direcciones: de los cuerpos con las cosas, de las cosas entre sí, de las costumbres con los quehaceres y los pactos del afecto. Nada parece detener el viaje de su voz que se propaga y se presta sin temores al canto. En ella el sentir busca definirse y nombrar ese relámpago amoroso que se agranda en la fruición cotidiana. Aquí no hay espacio para el desaliento: una meditación poética permanente hace de partida, camino y llegada.

Destellos de apasionamiento y erotismo, preguntas ante el avance indetenible del tiempo, instantes de tormenta que salen y llegan a la piel, son elementos que también reclaman su volumen en esta poesía: vorágine desintegra mi cuerpo/conviérteme en gotas de lluvia/en aguacero/ en partícula cósmica del universo, dice y luego su discurso irrumpe para mediar la placidez del corazón, para conducir el cuerpo a la calma y el espíritu al reposo en su tímida grandeza. La gratitud, emblema vital de su decir, existe solo por el advenimiento de la poesía y su efímero perfume: la poesía no se calla/En conjunción la convoco/para que este dolor no haga eco en mi corazón.

Tranquila y precisa, lírica y ligera, la voz de Magda Sivira se acopla a esa larga tradición de reverencia al hombre/mujer que descubre el mundo con un deseo abrasador de amar. Y es que su poesíale da al prodigio/palabra amor un significado de contemplación y despojo. Es estremecimiento, desde luego, pero también búsqueda, pregunta y alimento. Ella sabe que la palabra perdida está en su cuerpo y en el del otro, en el misterio de las cosas alrededor del sujeto amado, y que solo se recupera y permanece en la sed inextinguible de ser uno.

 

 


 

Este el prólogo a la selección que hice de la poesía de Magda Sivira para  la 7ma Temporada del Stand Up Poetry de Inspirulina. Entra acá para leerlo en su contexto original, así como los diez poemas que conforman la publicación.

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