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Tú no estuviste cuando las casas se quedaron mudas

tú no estuviste cuando las casas se quedaron mudas
y los cuerpos mordieron silenciosos las aceras
tú no estuviste a la hora de los silbatos
ni viste la despedida amarga de las cosas
tú no supiste a qué olían los escombros
ni cómo brillaba lo caído cuando se iba la luz
tú no viste el atardecer del lenguaje
ni el exilio de las palabras
tú no viste el tiempo quebrándose detrás de mentes jóvenes
ni a aquellos bailarines celebrando las victorias de los peores
tú no viste la devolución de los ríos
ni las tragedias de las ciudades que se quedaron sin nombre
tú no estuviste aquí en el tiempo de los cuentos tristes
-el tiempo de todos-
mientras éramos pobres y el día se agotaba más rápido
tú no estuviste en la separación de los hijos
ni viste los dolores que aquejan también a las habitaciones vacías
tú no estuviste aquella noche de salvajes preguntas
ni pudiste decir sucedió aquí

no estuviste
no estuviste
para no ver la devastación de la amnesia
no estuviste
porque temiste inflamarte los ojos

Y llegas y preguntas: ¿qué pasó aquí?

y te responde una pared caída
la aspereza que prosigue a toda pérdida
el implacable testimonio de las cosas.

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