De ángelas y otras mujeres

De ángelas y otras mujeres

origin_6744503159Hay ciertas mujeres con cualidades angélicas, esas que pueden ascender por encima de los hombres, que se elevan en gajos de éter y simplezas.

Hay mujeres que son olvidadas como ángeles y recordadas como mujeres esfumadas, como instantes de esencia obligada, de arpegios y cuerdas suspendidas. Hay mujeres con ciertas cualidades angélicas, litúrgicas, medievales, gargólicas. Hay mujeres crepúsculos, que se elevan a la melaza lumínica de la tarde, a las mermeladas paralizadas de los ocasos, antes del untar de la noche y sus cuchillos de moras y ciruelas. Hay mujeres blancas, sódicas, de carbonato, que se esfuman en burbujas y dejan en la tierra solo la estela de su paso transitorio, solo el recuerdo arquitectónico de su existencia que se derrumba en nuevas luces, en próximas estrellas, en nuevos ángeles.

Hay ciertos ángeles con cualidades femeninas que trashuman con alas de hidrargirio, con el cogito de los seres supremos, nunc et semper, Espíritus Santos que copulan con monstruos y hombres alarmados, y procrean nuevas castas de adanes, nuevas costillas polvorientas, próximas uniones y calzadas, eternos vientres que divulgarán la desdicha del infinito y los siglos de los nuevos creados.

Hay mujeres con cualidades angélicas que se coronan más allá del horizonte de la vista, en el umbral de los silencios y el pórtico de las percepciones. Alas sutiles, ojos místicos, pies flotantes, madres mitocondriales (molécula de los ángeles, de las mujeres ángeles, que subsume todos los sexos, todas las realidades, todas las conjunciones astrales, las luces de oro y argenta. Todos los elementos que brotan de la tierra esencia, olvido y disposición del geos y el topos del alma).
Alguna vez conocí a una mujer angelina. A una rosa flotante, de perfume macabro. La sentí mía, como todos los vástagos que derivan del tallo primigenio. De la savia apesadumbrada de las plantas y los senos. De las raíces y las piernas. De las ciencias y las alas.

Ascendió al cielo, como solo está dado a algunas mujeres de la mitología. El cielo, ya lo dije, era el andén de su barca. Entonces aparcó en lo profundo, en lo que los subterráneos sentimos más alto. Yo fui mujer y fui hombre. Vástago al fin de su verdad angélica. De su ciencia arcangélica.

Por eso no la recuerdo. Su esencia es éter, es eternidad que a veces maldigo. Es solo conjunción de los instantes. Misterio de los instantes.

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