Un huésped en el exilio

Un huésped en el exilio

Todos me preguntan por él y yo no encuentro la forma de ocultar mi olvido. O, mejor dicho, de atenuar su desaparición en mí.

Todos me persiguen porque saben que alguna vez estuve con él. Ahora desconozco su paradero. Puede estar a tres instantes o bajo tres metros. Puede estar con una mujer, puede haber tenido más hijos. Puede tener nuevos gatos y nuevos padres. Puede no tener familia, puede no tener nada, como la última vez.

Ignoro todo de él.

Ha sufrido demasiado. De él queda un magnífico desecho. Un resto que me encantaría encontrar. Una figura arqueológica, la estatuilla de una tribu espoliada mil veces. Un bastón, un diente.

Nadie sabe dónde está. Pero todos repiten su nombre con odio.

Cuando me interroguen pisando su sombra, cuando sitúen sus restos y pretendan violarlos, yo quiero estar ahí. Quiero satisfacer mis dudas.

Está en otra ciudad, arrastrando los pies. Pero no sé dónde. La pobreza no deja rastros. La angustia va adherida al cuerpo y se mueve con él a todas partes, desmigajándolo.

No recuerdo su huella y no podría descifrar su pisada. Sé que los hombres que sufren pesan menos.

Que tal vez por sus zapatos o las corbatas que dejó abandonadas en el clóset. Imposible. Las dimensiones de una masa castigada son infinitamente más frágiles y más ínfimas.

Por su voz. Por esa imitación de vida humana que repite una frase al otro lado del teléfono. O la maldita máquina, egoísta, que no aprendió más oraciones ni más consuelos. Pero no. Los gritos despedazan los hilos de las voces. El miedo ataca la sintaxis. Solo el idioma de la defensa -y es una sola frase-: “maldita máquina”.

No sé dónde está. Lo juro.

Por la edad: improbable. Ante el fracaso, la vida es una podrida dilación del tiempo.

Por su excremento: no hay nada. Tiene hambre.

Por sus enemigos: son ustedes.

Por su familia: lo mismo que el excremento.

Por sus recuerdos: miento a veces y les doy mi nombre. Pero jamás.

Por su casa: nadie la encuentra.

Por mí:

X

X

X

la desesperación va cerrando puertas.

 

***

[Este cuento pertenece a #BlandaIntuicióndePárpados (2014). Si te gustó, descarga el libro aquí. Si no, incendia tus pestañas con calma].

Portada Blanda intuicion de parpados_Zakarias Zafra

 

 

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