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Álvaro Montero: Hotel de verano

“Es intangible, toco su talle
Toco su cadera volátil
Aparece el festín
La melancolía lleva su bandera patria
en las primeras letras
En los primeros orgasmos”

Así comienza “La patria no se nombra”, acaso uno de los mejores poemas de este libro de Álvaro Montero. Llega a mis manos en un momento de empecinamiento poético por Barquisimeto, su historia cultural, sus estructuras intermedias, sus fracasos anidados en desorden. Es la ciudad agrupada en breves periferias, incomunicada pero paradójicamente lírica y grandilocuente.

La poesía del “viejo rebelde” es dura, densa, difícil, pero de una honestidad que hace escándalo por donde pasa. Su lenguaje es el espejo del coloquial-erudito barquisimetano. Su voz devela ese punto intermedio entre el refinamiento y la arrechera de todo poeta de provincia.

Este es uno de los cuadernos poéticos que publicó la Cooperativa Momoy en Mérida, por alla en 2008, y que me llegó por Luis Manuel Pimentel, uno de sus editores. Sirva esta reseña incompleta para pedirle a gritos “Ciudad de Cólera” a quien sea que lo tenga.

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