Glosario del destierro B

B: Bandera, Biografía, Bitácora, Búsqueda

B

 

Bandera. El ropaje de una nacionalidad. Un recordatorio y una frontera insinuada. Mitad talismán, mitad paño de lágrimas. ¿Qué es una bandera cuando se emigra? Si el exiliado deplora las patrias, como escribió Cadenas, ¿qué cosa tomaría como bandera? La huida no tiene un símbolo. Tampoco la casa caída. Sería, quizá, una tela borrosa, con textura de vendaje o de mortaja. Un lienzo en blanco para escribir conjuros, memorias, fetiches.

 

Biografía. La pérdida del país, esa gran muerte que todos, separados en centenares de ciudades, sobrellevamos, es lo que se está contando hoy en la diáspora. Una especie de biografía colectiva. Un relato que se reescribe en cada lugar del mundo donde hay un venezolano. Ya que no habrá –por fortuna– una institución única que narre la historia de esos cinco millones de personas en más de 98 países, la única forma de contar la diáspora venezolana será a través de las memorias individuales y los testimonios: correos, diarios, cuadernos de viaje, agendas. La suma de las memorias íntimas es la contra de la gran desmemoria nacional. Lo imagino como un Oyneg Shabes de la diáspora: un archivo de los emigrados, una sola historia contada a pulso, letra viva en el fragor de la huida.

 

Bitácora. El turista tiene mapas, reservaciones, pasajes redondos: itinerarios de una estadía planificada. El migrante, en cambio, solo conoce un destino: la salida. Su desorientación es inevitable, severa. En ese mar inexacto al cual se lanza, ¿cuál es la bitácora por fijar? ¿Cómo la inventa? ¿Qué dejaron escrito los que estuvieron antes? El panorama está ahí, evidente: el viaje es en soledad y virtuoso desamparo.

 

Búsqueda. No puede decretarse la muerte de la curiosidad. No en el migrante. La procura de un presente distinto, la convicción de que hay otra vida allá afuera, despoja a su indagación de cualquier rasgo de frivolidad. Hay algo que necesita ser hallado en esa travesía. Hay en él una pulsión constante por encontrar sentidos. El migrante es un perseguidor por excelencia. Vive entre borradores. Su urgencia es rehacerse. Y buscar.

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