Glosario del destierro C

C: Centro de detención, Cimientos, Ciudadanía

C

 

Centro de detención. Sesenta venezolanos comparten una habitación oscura con africanos y centroamericanos. Son vigilados, aislados del mundo, inmovilizados sin razón aparente. Llegaron ahí por alguna sospecha del oficial de migración. Algunos, cuando se hacen inmanejables, son liberados o deportados a los días; otros sufren extorsiones, retrasos, vejámenes, antes de alcanzar el mismo final que los primeros. Más que retenes, son especies de purgatorios hacia la “legalidad”. Prisiones disfrazadas donde los migrantes pagan su condena: no cumplir con el perfil de ingreso al país. No son estancias correctivas: son filtros de indeseables.

 

Cimientos. Emigrar pone a prueba el origen. Remueve las bases de aquello que traíamos como cierto. Invita, también, a reponer las piezas de esa construcción que, en una rarísima comodidad, nos daba sustento. Emigrar es una sacudida. ¿Qué queda en pie y qué se derrumba irremediablemente? ¿Cuáles cimientos eran reales y cuáles otros pura imitación? Irse del país es escrutar sus bases. Descubrir patrones, desarmar, derrumbar. No hay alarmas ni protocolos de contingencia: el país tiembla debajo de los emigrados.

 

Ciudadanía. Ejercida, inventada, perdida, recuperada. ¿De dónde soy ciudadano? ¿Del país que me expulsó o de este otro que, todavía, no me concede su gracia? Veintiocho años de vida cívica parecen desvanecerse ante tres o cuatro de residencia permanente. Empiezo de cero otra vez, con cédula de invisible. Mientras no tenga acceso a la zona restringida, puedo dividirme en dos: en México ejerzo mi civilidad, mientras ni filiación cultural permanece en Venezuela. Creo en las identidades múltiples y en las ciudadanías simultáneas. Tal vez soy el peregrini sine civitate romano. O tal vez me pase lo que a otros emigrados venezolanos cuando, al decirnos paisanos, sabemos que nos engañamos, pues no tenemos país.

 

Cuerpo migrante: ¿El cuerpo es presencia?, pregunto a veces. Me miro aquí, volteo hacia el que era y me imagino, hoy, rondando por mi casa anterior. ¿Guardarán mi espacio? ¿Cómo se llena mi habitación ahora? ¿Cada cuánto suena el piano de la sala? ¿Quién entra y quién sale de ahí? Me veo como una materia hecha de memoria. Yo soy un cuerpo aquí, pero también soy esa construcción artificial que está en la mesa de mis padres, en esa ágora lejana donde soy mirado, sujetado, recordado bajo esa forma evanescente que toman los que están lejos.


Publicado originalmente en el Papel Literario del Diario El Nacional. Puedes leer las entregas anteriores aquí.

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