glosario del destierro

D: Diáspora, Desarraigo, Desplazamiento, Domicilio

D

Diáspora. Escribe Catherine Wihtol: “hoy se habla de diáspora cuando un grupo étnico o de una misma nacionalidad se han disgregado entre varios países de destino aunque sigan manteniendo un fuerte sentimiento comunitario”. Cientos de ciudades, millones de historias y un sinfín de lenguas y culturas en roce. Un solo territorio simbólico, una misma conciencia y una memoria común que la atraviesa. La diáspora venezolana, un nombre que parece de artificio, es un telar sostenido por cinco millones de personas. País dispersado/país ampliado. ¿El resultado de una fractura o el inicio de otra amalgama? ¿La spora echada sobre suelo infértil o un simiente de fecundidad extraña? ¿Por dónde atajarla? ¿Cuántos países somos? ¿De cuántos países venimos?

Desarraigo. Paradójicamente, la Alta traición de José Emilio Pacheco es un himno: No amo mi patria. / Su fulgor abstracto es inasible. Canción dulce a los oídos de los emigrados. El odio a lo propio también es lícito. Todos, en algún momento, hemos sentido el país como tragedia. No amo mi patria. La detesto. O más bien la resiento porque no pude conocerla bien, porque me la arrebataron, porque es la síntesis de todas las pérdidas. Maldito fulgor abstracto que encandiló todo lo que amaba. Puedo sentir ese odio. Quiero sentirlo. Mutilar esta raíz, al menos como ejercicio. Hundir esa patria y sacar otra. Olvidarla, desaparecerla de una vez por todas. Sí, “aunque suene mal”, como el poema. 

Desplazamiento. Los cuerpos se mueven, pero la trastienda se desplaza. Cambia de sitio, toma forma de mirada estrábica mientras se acomoda. Se trastocan las creencias, las ideas, las certezas, los símbolos. El exilio es eso: un desplazamiento violento, inesperado. Mucho se cae y mucho permanece, pero todo termina trasladado a otro campo. El emigrado, de pronto, viene a buscar algo que había dejado inmóvil y se encuentra un vacío o una forma confusa en proceso de arreglo. Es la mirada y es el objeto. Es el mareo y es lo real: todo ha mudado su sitio. 

Domicilio. El país de acogida es también un espacio en renta. La estancia ahí es provisional, perecedera. El domicilio, suponemos, es el lugar donde se produce la cotidianidad. Una ubicación en el mapa de la vida civil y urbana. Es un punto donde uno está, aunque no sea propiamente de donde se es. Siempre se me antoja decir que mi casa, la de mis abuelos, es mi patria. Contradigo por hoy a Cioran: no es mi lengua, sino el lugar donde albergo mis mejores recuerdos. Hoy, donde duermen mi hija y mi esposa, vivo. Esa es mi casa ahora. Aunque también tenga un domicilio fiscal para pagar impuestos. 

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