El retoño

El retoño

Una pompa de jabón para bañarte.

Un chupón de madreselva para el loco hambriento.
Una sarna que emancipó tus comisuras -mi nombre-

El intelecto de tu vulva me supera.
Tu labio pitoniso se oculta como la tortuga.
El caparazón tiene su cocción exacta.
La desconozco.

Ya están retoñando tus almendrones.
Aquellos tubérculos que sembré sobre tu tórax
son fantásticos tesoros de alimento.

Sigo aún con la abertura caudalosa de tus senos
Establezco tus pulmones hechos carne
tus pezones hechos timbre
de un firmamento extenso.

Empiezo a sentir amor.
Una ternura impaciente -horrorosa- me puebla.
Tu voz me circunda melódica -horrenda- plácida.

¿Esto sienten los hombres solos? ¿Hasta aquí llega el arrobo de los perros y su unión inmortal de los minutos?

Así la brevedad de tu imagen. Así el despido de tu
doliente y poniente. A esta elevación que es preferible al
hurgamiento asqueroso -dulcísimo- de hoyos, convexidades y penumbras.

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Tres poemas apátridas

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