Test para detectar xenófobos

Test para detectar xenófobos

Supongamos que en su próximo vuelo de regreso, al lado de la planilla de declaración de aduanas, le dejan un pequeño test de respuesta obligatoria. No es una encuesta para propósitos académicos, tampoco una petición de ayuda de una ONG internacional: es una hoja membretada con los símbolos patrios y el sello de la autoridad migratoria de su país, el cual, por alguna amenaza arancelaria, durante su ausencia se ha convertido de súbito en un santuario de migrantes.

Para entrar a su país, honorable residente, al lado de su declaración aduanal deberá también declarar sus ideas hacia los extranjeros, migrantes, refugiados y solicitantes de asilo que están entrando en masa a su país. De resultar negativo en xenofobia, usted podrá volver a casa con una condecoración moral. Si es positivo, tendrá que vérselas con un oficial adiestrado en Derechos Humanos de Personas Migrantes, quien le interrogará de manera incisiva y, si así lo considera, le aplicará algunas medidas correctivas que podrían ir desde un paseo solo ida en La Bestia, hasta una semana en los campos de refugiados de la frontera colombiana.

Sepa que la autoridad, tal como manda la ley, presume de su inocencia y considera en todo momento que usted es un ciudadano ejemplar y “de mundo”.

 

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El test

A continuación encontrará cinco frases de uso común en discursos públicos, redes sociales y conversaciones ocasionales. Usted deberá responder si [Sí] o [No] se identifica con cada una de ellas.

1. Yo rechazo solo a los delincuentes y vagos que llegan a mi país, no importa la nacionalidad que sean. Queda sobreentendido que su capacidad de discriminación es tan aguda que es capaz de sortear los estereotipos de los medios, filtrar los prejuicios de su comunidad más cercana y, además, sospechar en automático de sus juicios subjetivos. Sabrá que no todos los eritreos empujan personas en trenes de Alemania, que no todos los salvadoreños y hondureños pertenecen a la Mara Salvatrucha y que los venezolanos, por decir algo, suelen no matar peruanos o ecuatorianos todos los días. Quizás, a sus distinguidos criterios de rechazo agregará: arrogancia, falta de humildad, poca educación, decadencia de valores cristianos y otros elementos difícilmente cuantificables, salvo por su vara de buen ciudadano nacional.

2. ¿Qué hacían en tierra ajena?. El tiroteo de Texas fue aislado, asegura usted. Un sujeto solitario, un arma larga de Walmart y una intención que no es del todo descabellada: frenar la invasión hispana. Esto nada tiene que ver con el discurso de Trump. Usted no cree que las palabras públicas deformen los marcos morales hasta hacer que ciertas cosas, de pronto, parezcan permitidas. Tampoco es verdad la supremacía racial, pues hay un solo color de piel: el blanco invadido. Además, ¿para qué se fueron esos latinos al gringo? ¿Por qué son tan pusilánimes y no se quedaron en su tierra a transformar las cosas? ¿Qué hacían en El Paso un sábado a la una de la tarde? ¿No había otra cosa mejor que hacer? La imprudencia es la de aquellos que se cruzaron en el camino de un joven desequilibrado, sí, pero de grandes ideales. Make my race clean again. 

3. No creo en los muros, pero si hacen falta para detener a los indeseables, adelante. Los muros son una aberración, dicen sus antenitas generadoras de discursos políticamente correctos. ¿Por qué gastar millones de dólares en proteger fronteras si eso no va a solucionar el problema de raíz: detener a los indeseables? Por qué mejor no hacemos de Guatemala un Tercer País Seguro, por qué no empujamos la barda hacia Honduras y El Salvador y hacemos un corral centroamericano, un parque de diversiones en el cual se puedan crear las condiciones idóneas para que la gente no migre. Usted se siente fantástico con esta idea. Usted quiere crear el Disney de los desplazados. Usted, al cabo de un tiempo, se preguntará cómo es que no lo han llamado para diseñar una política internacional.

4. Apoyo la migración, pero no la descontrolada. Usted niega enérgicamente vivir de generalizaciones y asegura tener los baremos afinados para decidir cuándo una migración “se sale de control”. Parafraseando a Micky Vainilla, uno de los personajes más brillantes de Peter Capusotto, el problema no es que los pobres existan: es que se vean. Usted piensa entonces en las caravanas migrantes. Quizá serían mejores si no se vieran, si cruzaran por otro país que no fuera el suyo, si aparecieran de pronto en Canadá, llenando de colores negros el cielo como las mariposas monarca. Usted piensa que es un espectáculo hermoso. Que es parte del paisaje. Usted, como Vainilla, hace pop para divertirse.

5. Los extranjeros son siempre bienvenidos, mientras tengan capacidad de inversión. Usted ama a los extranjeros. Usted recibe a los extranjeros, hasta 180 días. Traen derrama económica, resuelven los problemas locales a punta de consumo, mejoran la calidad de vida de todos. No así los migrantes, que vienen a quitarle sus trabajos, a arrebatarle a sus parejas, a ensuciar las alamedas o a molestar a todos con sus pedanterías. Esos no, dice usted. Esos vienen a reclamar derechos en un país que no es suyo. Esos, que son pobres, lo quieren todo gratis. Para usted, ciento ochenta turistas en un vuelo comercial es una visita numerosa, pero ciento ochenta migrantes a pie, es una invasión. No es que sean migrantes, dice usted: es que son demasiados.

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Los resultados

Estimado connacional: la autoridad agradece la honestidad de sus respuestas. Para efectos de esta prueba, los [No] suman cero, mientras que los [Sí], uno. La inexistencia de respuestas intermedias no es más que una forma inocente de empujarlo contra las cuerdas. Nada personal. Aquí sus resultados:

0: Felicidades. Tiene usted una tolerancia envidiable, rozante a la pureza.

1 a 3: La semilla está viva. Cualquier cosa podría sacar a ese xenófobo que vive dentro.

4 o más: Pase al cuartito, por favor. El oficial le hará algunas preguntas.

 

Zakarías Zafra


Publicado originalmente en la revista Letras Libres (México, agosto 2019). Foto: RawEarth.

 

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